“Siria: las voces silenciadas”, por Carole Alfarah y Mónica García Prieto

La Primavera Árabe no llegó a florecer en la esperada democracia ni tampoco alcanzó a la totalidad de países árabes. Siria es el paradigma de un régimen que se aferra al poder apoyado por países como Rusia o Irán mientras los llamados rebeldes lo son por potencias como EE.UU., la UE o Arabia Saudí, una implicación internacional que alimenta la mayor crisis humanitaria del siglo XXI.

Desde marzo de 2011, mientras la revolución se extendía por Siria, las manifestaciones pacíficas fueron reprimidas con bombardeos aéreos, armas químicas y a través de una estrategia diseñada para recrudecer las diferencias religiosas –a las cuales se suman las inestabilidades históricas heredadas del pasado de colonialismo europeo–, condenando a la población a un guerra atravesada por los intereses de numerosos países, potencias globales y grupos violentos, como el libanés Hezbollah, en la lucha por los liderazgos regionales.

La Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados –ACNUR– estima que el número de personas refugiadas sirias se eleva a 4,9 millones y el de desplazadas internas a 6,6 millones. Ante las barreras físicas y jurídicas impuestas por la Unión Europea, más de un millón de las personas que solicitaron asilo en el continente arriesgaron sus vidas llegando por mar a sus costas. Según la Organización Internacional para las Migraciones –OIM– más de 10.000 personas han muerto o desaparecido desde 2014 atravesando el Mediterráneo.

A día de hoy la Unión Europea, según datos de Eurostat, únicamente ha reubicado o reasentado a unas 3.000 personas refugiadas de las 180.000 a las que se comprometió. España solo lo ha hecho con 388 de 17.000. A estos incumplimientos se suma la implementación de políticas externalizadoras de fronteras, como el Acuerdo UE-Turquía, para impedir el acceso de las personas refugiadas al territorio de la UE, llegando para ello a considerar al Estado turco, el más condenado por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por graves violaciones de derechos humanos como la tortura, un país seguro para quienes huyen de la guerra.

Ponentes

  • Carole Alfarah (Siria), fotógrafa independiente. Desde el inicio de su carrera ha puesto su cámara al servicio de personas y colectivos silenciados, ofreciéndoles voz y reconocimiento a través de la imagen. Cuando estalló el conflicto en Siria, mantuvo su foco de interés en la sociedad civil, huyendo conscientemente de la iconografía, los arquetipos y de la pretendida objetividad del reportaje de guerra. Su obra no refleja directamente los bandos, las armas, la violencia o el exilio; tampoco pretenden aclarar las causas del conflicto o posicionarse políticamente. Simplemente muestran hasta qué punto la condición humana se ve alterada por la guerra.
  • Mónica García Prieto (España), periodista. Ha informado sobre las causas y las consecuencias de las guerras en Afganistán, Iraq, Líbano, Chechenia, Macedonia, Gaza, Israel y Siria. Ha sido corresponsal de El Mundo, Cuarto Poder y Periodismo Humano en Roma, Moscú, Jerusalén, Beirut y Bangkok y durante 12 años ha trabajado exclusivamente en Oriente Próximo. Cubrió ampliamente la revolución de Siria, tanto dentro como fuera del país. Es coautora de Siria, el país de las almas rotas (Debate, 2016). Su labor ha sido reconocida con el Premio Ortega y Gasset (ex aequo), Premio Dario D’Angelo 2005, Premio José María Porquet de Periodismo Digital 2011, el Premio José Couso 2013 y el Premio Julio Anguita Parrado 2016.

Fecha: Miércoles 14 de diciembre, a las 19.00 h.
Lugar: La Casa Encendida. Auditorio. Ronda de Valencia, 2, 28012. Madrid.
Precio: Gratuito. Entrada libre hasta completar el aforo.
Coordina: AMG.




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