Encuentro con Andrea Ixchíu: «El Estado primero nos olvida y luego nos agrede»

Por: Patricia Macías López

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La activista y lider maya K’iche’, Andrea Ixchíu, en su visita al Estado español, compartió recientemente una tarde de reflexión y coloquio, en Madrid, con integrantes y colaboradoras de la Asociación de Mujeres de Guatemala AMG. En este encuentro, la activista y defensora denunció el aumento de la violencia política y la criminalización de los y las defensoras del territorio y los derechos humanos en Guatemala, así como la perpetuación del racismo y la violencia del Estado guatemalteco contra la población indígena.

Este año Guatemala vive un momento electoral crucial: se eligen no solo nuevas autoridades del ejecutivo, sino también legislativas y judiciales. Ante esta coyuntura, el «pacto de las élites», como lo define Andrea Ixchíu, integrados por los poderes oligárquicos que tradicionalmente han controlado Guatemala, se está movilizando para asegurarse a toda costa el mantenimiento de sus privilegios.

Este «pacto de élites» denuncia la activista, realiza negociaciones y acuerdos con partidos políticos tradicionalistas, con actores como la cooperación internacional o entre ellos mismos, con el objetivo de seguir repartiéndose la riqueza del país, porque «nunca hemos dejado de ser vistos como una gran finca, y las acciones de la cámara de comercio, la del Agro, nos lo recuerdan todos los días; incluso la Embajada de Estados Unidos puso hace poco en su cuenta de Twitter un video de como el banano era una industria pujante para Guatemala, otro recordatorio de que seguimos siendo vistos una república bananera (…) En un escenario como este no hay posibilidad para los cambios estructurales necesarios.»

«Somos un país en donde, por ejemplo, en el pueblo de donde yo vengo, Totonicapán, se diagnosticó que toda la niñez quiché que está en primero primaria sufre de desnutrición crónica. Pensar en un país donde las niñas y niños que tienen acceso a una escuela llegan en situación de desnutrición crónica, nos hace saber  del estado de abandono y violencia que viven las comunidades.»

Esta violencia tambien se manifiesta en el asesinato y la criminalización de defensores y defensoras indígenas de derechos humanos. En Guatemala, solo en 2018, 21 defensores fueron asesinados impunemente por su activismo en defensa de la tierra, la vida y el agua.

Miles son criminalizados por su activismo en defensa del territorio, de entre ellos Ixchíu destaca la figura de Bernardo Caal y Abelino Chub. Bernardo Caal en prisión desde enero del 2018, es líder de la resistencia pacífica del río Cahabón en contra de los proyectos hidroeléctricos Oxec I y II, que amenzan el agua de 29.000 indifenas q’eqchi’. Este proyecto es ejecutado por el grupo COBRA de ACS, propiedad de Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid.  Bernardo Caal se encuentra en prisión preventiva, sufriendo los retrasos continuos e injustificados de sus audiencias, sin poder presentar las pruebas de su inocencia. Esta es una táctica habitual del Estado en la que “vemos la confluencia el poder del capital extranjero de Florentino Pérez y el capital de la élite local operando juntos por el interés en la riqueza del río, con toda la institucionalidad pública funcionando a su favor, criminalizando a los liderazgos comunitarios y el trabajo en defensa de los ríos y este es un mensaje  muy fuerte  en contra de las comunidades y su cosmovisión.»

Abelino Chub, líder comunitario y defensor del territorio de Izabal, está siendo acusado de organización y asociación ilícita, “él está siendo tratado con una ley y un Código Penal hecho para el crimen organizado, le están diciendo que organizarse en su comunidad para defender su tierra es crimen organizado, cuando esta ley se creó para combatir estructuras de narcotráfico y trata de personas. Esta criminalización es un precedente muy malo porque significa que la organización indígena y campesina va a ser tratada como el crimen organizado por los tribunales en Guatemala.” Abelino Chub lleva en prisión preventiva más de dos años, sufriendo, al igual que Bernardo Caal, el retraso injustificado de su proceso.

«El sistema por un lado se ensaña con los compañeros y los judicaliza, pero también castiga a las mujeres: esa judicialización la vivimos, nos afecta, , nos atraviesa el cuerpo, y cuando se persigue directamente a las mujeres es en la búsqueda de la ruptura del tejido de la comunidad. Como activistas, como mujeres estamos luchando, educando y tejiendo redes y creciendo. Son muchos trabajos los que hacemos las mujeres, por eso también se tejen redes entre nosotras de sororidad y solidaridad. A mí me da mucha fuerza, recordar a mis abuelas luchando por su libertad, recuerdo sus historias y las de sus propias mamás. Saber de estas resistencias permanentes de las mujeres indígenas me da sentido y me ayuda a entender quién soy y porque hago lo que hago y cómo usar las herramientas que tengo para seguir resistiendo.»

Andrea Ixchíu concluyó recordando que «los pueblos mayas y nuestras formas de organización social, política y económica, hemos resistido siglos a pesar del Estado, pero en este momento es más complejo porque las fuentes de generación de empleo de subsistencia son cada vez menores, lo que hace aumentar los movimiento migratorios, y eso nos preocupa porque se están vaciando nuestros territorios… el costo de esta migración en el tejido comunitario y social es muy alto.



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