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Desde que en 1979 la U.R.S.S. invadió Afganistan para dar paso al control ejercido por décadas por el régimen talibán, la posterior invasión y ocupación liderada por EE.UU. y más tarde al rebrote violento talibán –al que se suman la virulencia de al-Qaeda y del Daesh en la actualidad– el país es sinónimo de una violencia generalizada que ha motivado el exilio de millones de personas.

Como en todos los escenarios de conflicto, las mujeres se encuentran en situación de especial vulnerabilidad. Aunque según la Constitución afgana las mujeres y los hombres son iguales en derechos y a pesar de que desde 2003 Afganistán firmó sin reservas la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres (CEDAW, por sus siglas en inglés) o que desde 2002 existe el Ministerio de Asuntos de la Mujer y que en 2009 el Gobierno aprobó la Ley para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, la violencia sexual, los crímenes en nombre del honor, la trata con fines de explotación, el matrimonio forzado, las agresiones físicas y psicológicas perpetradas por el cónyuge o por familiares y otras muchas violencias basada en el género impiden el ejercicio de la ciudadanía plena de las mujeres y, en demasiadas ocasiones, su sola supervivencia.

Tras la caída del régimen talibán en 2001, las mujeres recuperaron su derecho a participar en la vida política y su representación está garantizada por un sistema de cuotas que compromete al Parlamento y a los Consejos provinciales. Sin embargo, no gozan de autonomía, ya que muchas parlamentarias afganas han sido elegidas para defender los intereses de los llamados señores de la guerra.

Afganistán lleva años manteniéndose como uno de los países del mundo que más personas refugiadas y desplazadas internas genera. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) cifra en 2,7 millones el número de personas afganas refugiadas y en 1,2 millones el de desplazadas internas. Aunque mujeres, niñas y niños conforman la mayoría de la población afectada por las guerras, son insuficientes los datos que dan cuenta de la dimensión real de las violencias que sufren y de la estigmatización en los países de destino.

 

Modera: Mercedes Hernández, directora de la Asociación de Mujeres de Guatemala, AMG.
Fecha: Miércoles 5 de octubre, a las 19.00 h.
Lugar: La Casa Encendida. Auditorio. Ronda de Valencia, 2, 28012. Madrid.
Precio: Gratuito. Entrada libre hasta completar el aforo.
Coordina: AMG.

 

 

Publicado por Comunicación AMG. Etiquetas: , , , | Categorias: Conferencias, Eventos
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